martes, 4 de septiembre de 2012


La nostalgia personal de cada uno por su propia vida arrojada al tiempo, 
donde la exaltación del sentimiento tiene por objeto perpetuar el momento, 
detenerlo,
 morir incluso en el clímax del amor para no perderlo, 
morir antes de olvidar,
intentar retener para siempre la duración de la subjetividad,
amenazada continuamente.

Ana Teresa Torres

domingo, 2 de septiembre de 2012

Azahares destilados


Trenzar la trenza trenzada
la palabra, el gesto, la mirada
una canción entonces, una caricia basta
cuando un susurro delinea el sentimiento puro
y el aliento cuelga del hilo
destilando las palabras
ya inventadas...

Entrecortadas se deslizan sobre las sábanas, 
sutiles, hirientes, altivas
jugando una vez y otra y otra...
a devastarnos el alma hasta perder la cordura.
  
M.R.L

domingo, 26 de agosto de 2012

The Boundaries of Life and Death (Based on Edgar Allan Poe)




“Las fronteras que separan la vida de la muerte
 son, como mucho, sombrías y vagas.
 ¿Quién debe decir dónde termina una
y dónde comienza la otra?”

jueves, 12 de julio de 2012

Lo único que sabemos es lo que nos sorprende:
que todo pasa, como si no hubiera pasado.





martes, 29 de mayo de 2012

Susan Sontag..



El tiempo no nos da mucho plazo:
 nos lanza desde atrás, sopla sobre nosotros 
y nos empuja por el estrecho embudo del presente hacia el futuro. 

Pero el espacio es ancho, 
lleno de posibilidades,
 posiciones, intersecciones,
 pasajes, rodeos, vueltas en «U», 
callejones sin salida y calles de un solo sentido.

 De hecho, demasiadas posibilidades..

Como el temperamento saturnino es lento,
 proclive a la indecisión,
 a veces hay que abrirse paso con un cuchillo.

A veces, terminamos volviendo el cuchillo contra nosotros. 


jueves, 24 de mayo de 2012

Fragmento de ''De todas maneras rosas'' de R.B.


...si pudieras escucharme ahorita,
si pudieras verme sin yo darme cuenta,
aquí parado a la puerta de tu edificio ... 
esperándote.

Pero no me puedes ver, 
así como no pudiste escucharme aquella vez.

Es mentira que la gente, 
en la distancia, 
pueda verse, sentirse y recordarse.

Yo pienso ahora en ti... 
y solo estoy pensando en una imagen,
 en tu recuerdo.


Porque tu has cambiado, 
ya eres otra.

A medida que caminas por las calles de Buenos Aires 
te vas quitando ropas y gestos,
 te vas transformando, 
vas dejando perdida
 en las vitrinas y en el frío de la tarde
 tu antigua boca que era mía.

Y yo no puedo viajar a Buenos Aires a recogerla, 
...no puedo recoger tu boca 
y toda tu cara 
y todo tu cuerpo
 ya fragmentado, 
ya oculto 
en otra persona que eres tu, 
idéntica
pero irreconocible.

Ya no sirve de nada... 
da igual viajar hasta allá 
y juntar tus pedazos invisibles 
que quedarme aquí, 
en esta misma esquina 
cosiendo todos mis recuerdos sobre ti. 

Reconstruyendote, 
desesperado, 
tratando de devolverte tu antigua perfección
cuando no me importaba.

... yo insistí...

Tu me respondiste el día antes de viajar... 
... que en ese momento...se estaban muriendo de frío
 y que los argentinos, 
a diferencia de lo que habías pensado, 
eran gente bien simpática.
...no me estas escuchando, 
te dije...

Tu dijiste entonces 
que yo también llevaba tiempo sin escucharte.
Meses, dijiste.

Luego empezaste con aquello de mi vida perfecta, 
y cosas de esas que tanto hemos discutido,
 y que no tenias ganas de regresar.
 Que ... era demasiado hermoso.

Recuerdo...
que pensé en decirte que si, 
que mi vida es perfecta, 
perfecta y armónica,
 perfecta y armónica 
como un antiguo florero, 
fino y delicado,
 pero que de puritito amor
 ya estaba en tus manos
 y que tuvieras cuidado con tropezar
 y soltarme, 
pues de seguro caería en el suelo,
 roto 
y en mil pedazos.



lunes, 9 de abril de 2012



Quizá el amor es simplemente esto:
entregar una mano a otras dos manos,
olfatear una dorada nuca
y sentir que otro cuerpo nos responde en silencio.

El grito y el dolor se pierden, dejan
sólo las huellas de sus negros rebaños,
  y nada más nos queda este presente eterno
de renovarse entre unos brazos

Maquina la frente tortuosos caminos
y el corazón con frecuencia se confunde,
mientras las manos, en su sencillo oficio,
torpes y humildes siempre aciertan.

En medio de la noche alza su queja
el desamado, y a las estrellas mezcla
en su triste destino.
Cuando exhausto baja los ojos, ve otros ojos
que infantiles se miran en los suyos.

Quizá el amor sea simplemente eso:
el gesto de acercarse y olvidarse.
Cada uno permanece siendo él mismo,
pero hay dos cuerpos que se funden.

Qué locura querer forzar un pecho
o una boca sellada.
Cerca del ofuscado, su caricia otro pecho exige,
otros labios, su beso,
su natural deleite otra criatura.

De madrugada, junto al frío,
el insomne contempla sus inusadas manos:
piensa orgulloso que todo allí termina;
por sus sienes las lágrimas resbalan…
Y sin embargo, el amor quizá sea sólo esto:
olvidarse del llanto, dar de beber con gozo
a la boca que nos da, gozosa, su agua;
resignarse a la paz inocente del tigre;
dormirse junto a un cuerpo que se duerme.

 by Antonio Gala

jueves, 22 de marzo de 2012

La gente que me gusta - M.Benedetti


Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.

Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.

Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.

A estos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.

Me gusta la gente que con su energía, contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

La gente que lucha contra adversidades.

Me gusta la gente que busca soluciones.

Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.

Me gusta la gente que tiene personalidad.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.
 

domingo, 18 de marzo de 2012

La Continuidad de los Parques- J. Cortazar

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

viernes, 9 de marzo de 2012

“Cuando amamos, el amor es demasiado grande para caber entero en nosotros; irradia hacia la persona amada, encuentra en ella una superficie que lo detiene, lo obliga a regresar hacia su punto de partida y este rebote de nuestro propio cariño es lo que llamamos los sentimientos del otro y que nos fascina más que en el viaje de ida, porque no reconocemos que procede de nosotros”.

Will Rogers

martes, 6 de marzo de 2012

El tiempo no nos da mucho plazo: 
nos lanza desde atrás,
 sopla sobre nosotros
 y nos empuja por el estrecho embudo del presente hacia el futuro.
 Pero el espacio es ancho,
 lleno de posibilidades,
 posiciones, intersecciones, pasajes, rodeos, vueltas en «U», 
callejones sin salida y calles de un solo sentido. 
De hecho demasiadas posibilidades. 
Como el temperamento saturnino es lento,
 proclive a la indecisión,
 a veces hay que abrirse paso con un cuchillo.
 A veces, terminamos volviendo el cuchillo contra nosotros.
 (Susan Sontag)

miércoles, 25 de enero de 2012




El amor es una ilusión, una historia que una construye en su mente, 
consciente todo el tiempo de que no es verdad, 
y por eso pone cuidado en no destruirla.

Virginia Woolf




miércoles, 18 de enero de 2012

Una bonita nota de un maestro...

``... no se olviden de la vida, de vivir...
 olvídense un poco de las contingencias tontas de la existencia,
de las trampas traicioneras de la existencia...


y pónganse a escribir. 

Les envío este mensaje de Susana Rinaldi.
Un abrazo...´´ 

JSL