...si pudieras escucharme ahorita,
si pudieras verme sin yo darme cuenta,
aquí parado a la puerta de tu edificio ...
esperándote.
Pero no me puedes ver,
así como no pudiste escucharme aquella vez.
Es mentira que la gente,
en la distancia,
pueda verse, sentirse y recordarse.
Yo pienso ahora en ti...
y solo estoy pensando en una imagen,
en tu recuerdo.
Porque tu has cambiado,
ya eres otra.
A medida que caminas por las calles de Buenos Aires
te vas quitando ropas y gestos,
te vas transformando,
vas dejando perdida
en las vitrinas y en el frío de la tarde
tu antigua boca que era mía.
Y yo no puedo viajar a Buenos Aires a recogerla,
...no puedo recoger tu boca
y toda tu cara
y todo tu cuerpo
ya fragmentado,
ya oculto
en otra persona que eres tu,
idéntica,
pero irreconocible.
Ya no sirve de nada...
da igual viajar hasta allá
y juntar tus pedazos invisibles
que quedarme aquí,
en esta misma esquina
cosiendo todos mis recuerdos sobre ti.
Reconstruyendote,
desesperado,
tratando de devolverte tu antigua perfección,
cuando no me importaba.
... yo insistí...
Tu me respondiste el día antes de viajar...
... que en ese momento...se estaban muriendo de frío
y que los argentinos,
a diferencia de lo que habías pensado,
eran gente bien simpática.
...no me estas escuchando,
te dije...
Tu dijiste entonces
que yo también llevaba tiempo sin escucharte.
Meses, dijiste.
Luego empezaste con aquello de mi vida perfecta,
y cosas de esas que tanto hemos discutido,
y que no tenias ganas de regresar.
Que ... era demasiado hermoso.
Recuerdo...
que pensé en decirte que si,
que mi vida es perfecta,
perfecta y armónica,
perfecta y armónica
como un antiguo florero,
fino y delicado,
pero que de puritito amor
ya estaba en tus manos
y que tuvieras cuidado con tropezar
y soltarme,
pues de seguro caería en el suelo,
roto
y en mil pedazos.